Luis Melgar o la nueva esclavitud

¿Vientres de alquiler? ¿De verdad? ¿Así de simple, así de aceptable? De nuevo la batalla semántica, de nuevo una derrota, de nuevo el eufemismo como arma mortal, insidosa, repugnante. De nuevo el trágala y el silencio cobarde que es, en realidad, manifiesta complicidad. ¿Dónde el grito de espanto? ¿Dóne la justa ira? ¿Dónde la honrada rebeldía?

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Un buen amigo nos ha dado un disgusto. De todas formas no por ello dejará de ser muy buen amigo nuestro, faltaría más, pues para qué están los amigos si no es para darte disgustos. Pero como las penas entre varios parecen menos, vamos a compartir con ustedes el berrinche monumental que nos causó; merece la pena.

Luis Melgar Valero

El caso es que nos ha pasado el enlace de un librito titulado “La cigüeña vino de Miami”, del que gracias a Dios no teníamos ni idea que existiera ni que tales cosas se publicaran y menos de que haya alguien capaz de leerlo y menos aún de comprarlo. El librito está escrito por un tal Luis Melgar Valero, que a sus 28 años fue segundo jefe de nuestra legación diplomática en Guinea Ecuatorial entre 2013 y 2016, después subdirector general de Diplomacia Pública del MAE y de Cooperación, y ahora primer secretario de la embajada española en Venezuela; también pasó algún tiempo dedicado a labores docentes en el Instituto Universitario Ortega y Gasset y en la Universidad Pontificia de Comillas; esto último, como verán es más que llamativo.

Pablo y Luis

La cuestión es que Luis Melgar, que por lo dicho debe tener los riñones bien empapelados de euros, es un sodomita declarado, salido desde siempre del armario en el que no debió estar ni cinco minutos, según el mismo afirma, unido/casado a/con Pablo Martín hace seis años, al que titula como “su marido”, nada más y nada menos que ante las mismísimas napias del que fuera nefasto, como todos desde hace décadas, ministro de AAEE García-Margallo; debemos suponer entonces que si Pablo es el “marido”, Luis, el diplomático, es su “esposa”, aunque como no compartimos sus gustos erótico-carnales no sabemos muy bien cómo va la cosa y qué puñetas ocurre en el catre, cama, camastro, piltra, sobre, hamaca, yacija, litera o como ellos denominen al lugar donde se apaisan o se ponen a cuatro patas o piernas dobladas. Como pueden ver por su foto de “bodas”, Melgar es “mujer” de armas tomar, porque no se resistió a lucir un buen espadón en tan señalado día; pobre de Pablo, el “marido”, si la cosa comenzó ya así.

Pues bien, como de un tiempo a esta parte se ha puesto de moda entre los invertidos, mariquitas, putos, sarasas, trolos, afeminados, desviados y bujarrones como Melgar y Pablo no sólo “casarse”, sino también satisfacer otros caprichos como por ejemplo “adoptar” niños, toda vez que por su práctica sexual antinatura no los pueden tener por mucho que lo intenten y le den al tema hasta quedar haítos, esta pareja, bien dotada del poderoso caballero que es Don Dinero, se fue a Miami, contrataron un agente comercial comisionista, elaboraron y firmaron el correspondiente contrato de compra y venta de una muchacha, eligieron una entre las varias que les ofrecía el mercado –fotografía a color y pedigrí incluidos–, la hicieron inseminar hasta quedar “preñada”, la alimentaron durante nueve meses, vigilaron que pariera adecuadamente y se llevaron la “cría”.

Y después, Melgar, que le da a la pluma, ha escrito el librito que en mala hora nuestro buen amigo nos hizo llegar, en el cual se ufana de todo lo dicho. Pero como no hay bien que por mal no venga aprovechamos la circunstancia para rogarle a la editorial que inserte a modo de prólogo a partir de ahora las siguientes matizaciones como aviso a potenciales lectores:

Lo que describe en este libro el autor:

* No se parece en nada, no es, una adopción como pretende, puesto que lo que ha hecho es comprar a una mujer mediante vulgar, vil y frío contrato mercantil, para que se quedara “preñada” tras elegirla en un mercado entre varias; sometiéndola a riesgos físicos –para “preñarla” hubo que inflarla a hormonas y medicamentos– que le podrían haber provocado preeclampsias o dejarle de por vida secuelas como hipertensión y diabetes, así como daños psíquicos tanto a ella como a la “cría”, a la cual, por ello, se ha puesto también precio.

* Al nacer la “cría”, inmediatamente la separaron de su madre, rompiendo de forma brutal y traumática su único y más importante vínculo con el mundo que es el de madre y “cría”, pues lo único que sabe ésta al nacer es reconocer a su madre y eso perfectamente.

*Vulneraron el reconocido Derecho Humano de las “crías” a crecer y vivir con sus progenitores biológicos. No existe el “derecho” a tener una “cría”, como tampoco a decidir cuándo ni cómo.

* En el contrato por el cual compraron a la muchacha figuró lo que durante los nueves meses de gestación podía y no podía hacer hasta detalles ínfimos e íntimos como qué podía comer, si viajar o no y en qué condiciones, qué trabajos desempeñar, revisiones a las que someterse, si podía o no mantener otros “apareamientos” y en qué forma y circunstancias, las pautas de limpieza que debía seguir, etc., etc.; toda una larga lista llena de detalles increíbles no pocas veces degradantes que nos negamos a transcribir aquí.

* También se previeron las penalizaciones en caso de incumplimiento por parte de la muchacha de alguna de las cláusulas del contrato, así como el caso de que finalmente los compradores no quisieran la “cría”; en no pocos países en este último caso incluso consta que la pareja compradora puede amortizar la inversión inicial vendiendo la “cría” para otros usos, por ejemplo como fuente de órganos.

Estimados lectores: ¿en qué leches se diferencia lo descrito de la compra y venta de esclavos durante siglos, utilizados para trabajos o desahogos sexuales, según los gustos del amo o del tráfico de personas? ¿en qué entonces el bebé, un ser humano pleno de dignidad y derechos, portador de un alma eterna, hijo de Dios como Melgar y su no sabemos qué, de una cría? ¿por qué reducir a la muchacha a objeto material de compra y venta y al bebé a vulgar cría como si de una vaca y su ternera se trataran? ¿en qué mierda de sociedad nos hemos convertido? ¿de qué repugnante acción se ufanan estos dos sodomitas?

Mi muy querido amigo: sabes cuánto te aprecio, pero no me mandes más este tipo de libritos, porque no respondo de mi mismo.

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